domingo, 21 de febrero de 2010

La transformación del paisaje (siglo XX).

En entradas anteriores del blog hemos visto cómo a partir de la segunda mitad del siglo XVIII se consolida la pujanza del sector olivarero en Bujalance. La anexión de Belmonte, a mediados del XVIII, con su término dedicado a los cultivos herbáceos, seguramente contribuyó a inclinar la balanza a favor de la extensión del olivar. En ese momento se inicia la paulatina transformación de las extensiones de chaparral en olivar, proceso que está vivo a comienzos del siglo XIX, cuando Bujalance aún conservaba la Subdelegación de Montes.
El siglo XIX conocería los procesos de desamortización, que perseguían incrementar la producción agraria del país, y que en Bujalance afectó a la zona de Monte Real. La segunda mitad del siglo XIX conocería el desarrollo de las comunicaciones, con el trazado de nuevas carreteras (para carruajes) y, sobre todo, del ferrocarril. Así, hemos localizado planos de detalle para el proyecto de construcción de la línea de ferrocarril a su paso por Villa del Río fechados en 1862. El transporte de mercancías por mar y por vía fluvial también experimentó un auge en esa época. No sabemos hasta qué punto la mejora en las comunicaciones, junto con la pujanza del olivar, contribuyó al declive de la actividad ganadera en Bujalance, ni tampoco cómo fueron los detalles de este proceso. Sin embargo, el resultado fue que, a finales del siglo XIX se había completado la transformación del chaparral en olivar, había desaparecido la Dehesa de Yeguas, también a favor del olivo, y la mayor parte del Monte Real, antes zona de matorral y bosque bajo, aparece ahora cubierta por el olivar. También, la extensa zona de la Loma de las Vacas, y del Uribe estaba ya transformada en olivar. Aún así persistía casi un 50% del término dedicado a cultivos herbáceos, después de la reciente anexión de Morente (en 1877), con casi la totalidad de su término dedicado a éstos cultivos.

En la primera mitad del siglo XX Bujalance mantenía grandes extensiones de cultivos herbáceos, con predominio del cereal, pero también eran importantes otros cultivos, como el algodón de secano. La revolución verde – que no es más que la industrialización de la agricultura –, junto con la mejora de las comunicaciones (ahora por carretera, en camiones), y la frio-conservación de los alimentos, terminaría por cambiar el paisaje agrario de nuestro pueblo.

El animal de tiro y carga es desplazado por el tractor, y los braceros del trigo y del algodón, por máquinas cosechadoras. El olivar continúa su expansión a expensas de los cultivos herbáceos. En este proceso, y con la ayuda de tractores cada vez más potentes, se terminaron roturando y colonizando las lomas más agrestes. Los paredones que servían de linderos han ido desapareciendo en este tiempo. Los caminos, que ya no son transitados por el ganado, han ido perdiendo su zona de servidumbre, cuando no su mismo trazado, a manos del olivar. Y los descansaderos de los pozos, donde se apacentaban los rebaños y las manadas, fueron desapareciendo en oscuros tratos.

Para ilustrar esta voracidad del olivar, traemos aquí, a título de ejemplo, la historia del descansadero del Pozo de Venzaláez, en Monte Real. Hemos tenido acceso al expediente fechado en diciembre de 1961, relativo a la solicitud presentada por don M. I. C. para el aprovechamiento de los pastos naturales de los terrenos que circundan el pozo de Venzaláez .

M.I.C. expone que en pozo de Venzaláez, propiedad del Ayuntamiento, cuenta con un ensanche de unos 4500 metros (cuadrados), que dice no se precisan para el ganado que abreva en dicho pozo, y estando interesado en el aprovechamiento de los pastos naturales, se ofrece a abonar el canon que para ello estipule el ayuntamiento, por un periodo de cuatro años, ampliable.

El Perito municipal informa que, una vez descontada la superficie necesaria para el normal aprovechamiento de los pozos abrevaderos, fija el valor de venta del resto de la parcela en 14500 pesetas. El informe de secretaría revisa la legislación aplicable, que exige el procedimiento de subasta, y la fijación de un canon no inferior al 6% del valor de venta de los terrenos.

Tratado el asunto en la corporación municipal, y después de que una comisión inspeccionase la parcela, se acuerda denegar la solicitud, declaran la prohibición absoluta de que nadie haga uso de ese ensanche, se ordena el deslinde del pozo Venzaláez, para asegurar el normal aprovechamiento de abrevadero, y que la parcela restante pueda permutarse por otro terreno de esta localidad que pueda servir para uso y servicios del Municipio.

Posiblemente la permuta a la que hace referencia este expediente terminaría produciéndose poco después. El resultado, que puede comprobarse hoy con una visita al lugar, o con una mirada desde el cielo (ortofotografía del visor del Instituto Geográfico Nacional, que se reproduce en lo que sigue), es que dicho descansadero ya no existe. En la imagen se ha superpuesto un contorno que encierra una superficie de aproximadamente 4500 m2, sólo a efectos de hacernos una idea de la extensión de este ensanche, y sin pretender que las lindes señaladas se correspondiesen con las originales.


Procesos similares se habrán experimentado, con o sin constancia, en la práctica totalidad de las vías pecuarias de nuestro término.

En la actualidad cubre un 84% del término municipal, y continúa la transformación de tierras de secano en olivar de alta densidad. Esta transformación del paisaje agrario, unida a las prácticas culturales del olivar, está ocasionando efectos no deseados, como la terrible pérdida de suelo por la erosión, los daños que causa en las infraestructuras viarias, en cauces de ríos y embalses, y en la contaminación de las aguas subterráneas. Hasta ahora el olivar había supuesto la base principal de la economía de todo el pueblo. Pero esto ya está cambiando – ya ha cambiado, de hecho-, por lo que cabe esperar que su impacto ambiental pronto pudiera dejar de ser tolerable.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada